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Mostrando entradas de 2009

Lo que amamos

En realidad no lamento decirlo y escribirlo. En abierta contradicción a lo que creen muchos: Aquí no existe la mediocridad. No debe impresionar a nadie que muchas culturas de origen africano hagan gala de unas muestras artísticas, diría yo, casi divinas. En muchas regiones del continente víctima -y jamás negro- se canta a varias voces. He escuchado cantos antiguos de cuatro voces. No conozco, debo reconocer, todo lo que hacen. Ojalá pudiera. El asunto es que pasa como con todas las culturas adultas: debieron desarrollar habilidades y destrezas para el trabajo y artes para alcanzar a Dios. Sin importar cuál, incluso el interno. Es el fin humano. El turista que adora estos lares, suele declarar como la más grande bondad nuestro jamás cambiante clima. Nadie está conforme con lo que es y tiene. Es obvio. El mundo sería el paraíso si así fuere. Le parece al que vive con cuatro estaciones, que es maravilloso lo de tener una perenne estación de calor y humedad, que apenas varía al final del...

De las definiciones válidas, respetables e inequívocas

Hace poco, tristemente, vi un documental en televisión en el que, al comenzar, una cámara visita desde el techo de un muy pequeño y sencillo hotel a una ciudad. Una ciudad, digamos, mediana. No es la capital de ese país. El movimiento panorámico a la izquierda de la cámara desde el hotel deja ver que se trata de unas cuantas calles rodeadas de modestas casas hechas de bloques de arcilla y cemento. Uno que otro medianamente destacado edificio -sede del gobierno regional, muy probablemente-. Nada de construcciones de vidrio. Más allá de esas cuantas calles una centena o más de casas, ya de precaria solidez y aspecto, sirven de encuentro con la selva circundante. La imagen sabe a calor y humedad. Huele a algo como el agua de mar mezclada con aguas negras. Las imágenes se sienten como bandadas de siempre hambrientos insectos hematófagos apostando a no dormirás, no vivirás. Cada vez más cerca al monte la solidez, las paredes, techos saludables y puertas se hacen lujo y las casas terminan s...

Con la carita aquella

Los animales todos -todos- son tan hermanos nuestros como el que más por consanguinidad. En realidad hay que estar atentos a si no superan esa calidad. Los animales -todos- colaboran más, por todo aquello de la cadena alimenticia, con todos nosotros y en la forma más desinteresada, que muchos hermanos. Y muchos de ellos, no sólo los perros, llegan a construir una relación tan estrecha y profundamente fraternal que a la muerte del humano le sucede sensible e indefectiblemente la otra. Grupos humanos que condenan el abuso al animal verdaderamente pululan. Harían falta muchos más dado el inmenso planeta de humanos que doblan y triplican cada año sus escandalosas riquezas a base de sufrimiento animal. Pero me alarma en los canales de tv, sobre todo en los dedicados a transmitir el tema ecológico, la insistente sucesión rápida de imágenes -con la música apropiada- en las que no falta jamás las de las bebé focas que son asesinadas a martillazos para arrancarles la piel; la de los delfines ...