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Lo que amamos


En realidad no lamento decirlo y escribirlo. En abierta contradicción a lo que creen muchos: Aquí no existe la mediocridad.

No debe impresionar a nadie que muchas culturas de origen africano hagan gala de unas muestras artísticas, diría yo, casi divinas. En muchas regiones del continente víctima -y jamás negro- se canta a varias voces. He escuchado cantos antiguos de cuatro voces. No conozco, debo reconocer, todo lo que hacen. Ojalá pudiera. El asunto es que pasa como con todas las culturas adultas: debieron desarrollar habilidades y destrezas para el trabajo y artes para alcanzar a Dios. Sin importar cuál, incluso el interno. Es el fin humano.

El turista que adora estos lares, suele declarar como la más grande bondad nuestro jamás cambiante clima. Nadie está conforme con lo que es y tiene. Es obvio. El mundo sería el paraíso si así fuere. Le parece al que vive con cuatro estaciones, que es maravilloso lo de tener una perenne estación de calor y humedad, que apenas varía al final del año. Yo digo que es nuestra perdición.

No puedo sacar de mi mente la imagen de los primeros habitantes de nuestra mucho-más-víctima-y-con honores-tierra, lanzando piedras a cualquier árbol, a cuya sombra durmió la última semana, para alimentarse. No había mangos en ese tiempo por aquí. Gracias, Dios. El problema habría aumentado su tamaño considerablemente. No sé cómo hizo, si lo hizo, el habitante originario de esta zona para alimentarse de carne animal. No quisiera descubrir que sólo lo hacían cuando conseguían cualquier cosa muerta. ¿Tenemos una cultura tan joven? ¿Es que el ser humano tiene pocos años habitando el área? Es que no consigo la explicación para no poder hacer gala sino de la flojera, la viveza criolla -que no es otra cosa que el nombre romántico y encantador que le pusimos a la estafa, al timo, al robo para hacerlo sumamente confuso a las víctimas de toda nacionalidad-, y un etcétera nada agradable. No hay, salvo algunos centímetros cuadrados por allá, un metro por aquí, alguna muestra de la cultura que aquí se desarrolló. ¿O es que sobra la magna flojera y desidia que no ha dejado en paz a los venezolanos para tener un poco de disposición en buscar alguna señal de sus huidizas raíces? La música de origen más antiguo creo que es la africana típica de la costa centro norte. Y no lo pareciera tanto si la comparamos con las muestras de música africana de las que escribí al principio. La explicación puede ser una sola: todos los esclavos africanos que llegaron a esta parte de la tierra tienen un origen específico. Y, mala suerte, justamente esos no cantaban, no pintaban, sólo tenían instrumentos de percusión y parece que mucha flojera o muy poco tiempo para el ocio. Y digo que, además, el clima influyó mucho porque si hubieran tenido uno más severo tendríamos construcciones antiguas, una agricultura, caza y pesca desarrolladísimas -y con formas de demostrarlo- y muchas otras cosas de las que no hay señales. Sólo unas muy escasas muestras de la influencia cultural de quienes conquistaron. ¿Dónde están las armas y herramientas que debieron utilizar? Estuve en una ciudad europea que ya tenía cabildo, calles, organización y orden, leyes, antes que Colón llegara aquí. Y la gente que estaba conmigo creía que les estaba diciendo mentiras. Que cuando ellos ya estaban organizados para la vida en común, la vida de la comunidad -que no el saco en el que nos quieren meter-, aquí tendríamos ramas, hojas, piedras grandes, y quién sabe qué más para protegernos, cuanto menos, de la lluvia. Que tampoco es tan dañina, ¿verdad?

Lo que quedó fue Tío Conejo. El triste legado. Me imagino la cara de los conquistadores estafando, con la sonrisa esa de las películas, al cambiar oro por espejos con el nativo -lea bien, el nativo. Lamentablemente no el indio que ahora se perfila como el habitante del segundo país con más rápido y efectivo desarrollo. Una de las culturas más antigua y próspera-. Y no deja de amargarme la sonrisa expertamente oculta del nativo, feliz porque estafaba al conquistador cambiando lo que él conseguía tan fácilmente por ahí por esas cosas tan interesantes y que deben ser muy útiles: ¿espejo fue que lo llamó el peludo y hediondo ése? Jajaja, mira, ¡me reflejo en esto!

Y el tiempo parece haberse detenido. Ahora y como siempre, como dice mi amigo Ben, el enemigo es interno. Si se suman todos los sueldos durante diez años, incluidas vacaciones, prestaciones, política habitacional y lo que quieran agregar, de cualquiera de los ministros, o de cualquier funcionario -no hay que ser tan fuerte al escribir, pobrecitos- jamás la operación arrojará como resultado la cantidad de dólares necesarios para comprar todo lo que han comprado. Es terminante y completamente imposible que un diputado cualquiera tenga lo que nunca tuvo, ni puede tener, en apenas diez años. Todo considerando que jamás tuvieron que comprar comida porque siempre hubo un alma caritativa que los alimentó. ¿Cómo puede cualquier familia vinculada al gobierno tener todo lo que tiene si sumando todos sus sueldos de diez años -insisto que sin haber gastado un céntimo -partido en tres- en comida y ropa en todo ese tiempo- no da ese número tan grande? En dólares, por cierto. Ese número no existe en bolívares.

Y todavía hay gente que dice que lo que pasa es que nos acostumbramos a la mediocridad. Que no. Que nos gusta lo malo. Nos excita. Nos regocijamos en lo malo. Igual aceptamos a la narradora de noticias de VTV insistiendo al ministro -aquél que dice que un terremoto así sólo se repite cada 2 mil años- si se debe a tanto calor el nuevo temblor. Insistió tanto en la pregunta que quedé plenamente seguro que no llegó a terminar la escuela primaria. Todos los demás -hasta el ministro- sabemos desde la escuela primaria que es un mito la relación calor-terremoto. Nos parece maravilloso el cura que cambia su dios -sí, en minúsculas- en cada misa televisada, por un socialismo que sólo existe en una que otra cabeza que aún no se ha dado cuenta del festín que se está dando desde hace 10 años un grupete de... no conseguiré jamás la grosería adecuada. Nadie le dice a los productores y locutores del comercial en radio de la Revista P&M que no están haciendo ninguna gracia al tratar de imitar a quienes hablan castellano correctamente. Que, al contrario, están quedando muy mal si dicen “aniverzario” o “buenízima” entre otras barbaridades de ese comercial. ¿Es que a quién puede importarle que se hable castellano correctamente? Es que, además, creen que se llama español. Quizás de ahí venga tanta burrada.

Nos encanta, desde siempre, a la vista está, votar escogiendo al candidato con el prontuario -y no el currículum- que más se ajuste a mis necesidades, o el que tenga el expediente menos abultado en el mejor de los casos. Y sólo por eso no funciona ni el acceso a internet. Por donde va pasando su mano, no queda sino eso: Su mano. Y lo dejamos así, que ya se pasa de escatológico el cuento.

Debe gustarnos mucho poner en una constituyente a un ser que pasó de fiscal de línea de autobuses a millonario. Esas cosas no pasan ni en las películas. Sólo aquí. Donde entraron 900 mil millones de dólares en 10 años y si sumas lo que se ha invertido en obras, para compararlo con nuestra renta petrolera -que no es de ellos, coño- el porcentaje es tan pequeño que da flojera escribir tantos ceros. Y el sistema de salud, y todos los otros sistemas, está colapsado. Lo que correspondía a planes de mantenimiento y expansión en el campo de la energía eléctrica, o en del agua potable -algún día lo será- está en cuentas personales de los nuevos saqueadores -en nada diferentes a los de siempre- y por eso tenemos que soportar ahora -SÓLO NOSOTROS, JAMÁS ELLOS- el racionamiento. Y además un regaño porque es que nosotros gastamos mucha agua y electricidad. ¿En Venezuela, el primer país suramericano en estar completamente electrificado? Sí. Es aquí donde ahora ocurre esto. Pero si no importa. ¿Hay algún problema con eso? No, nosotros somos guerreros y ya nos acostumbraremos. Como con todo.

Y nos maravillamos cada vez que hay elecciones porque meses antes nos destruyen la vida al levantar todo el pavimento de algunas calles, para sustituirlo en meses por uno nuevo y malo, que se deteriora fácilmente. Aquí en un país petrolero. Que no es rico por eso: porque jamás hemos sido capaces de invertir ese río de dólares en educación, vivienda, salud, investigación. Tendríamos una joya de país aún comparándonos a esos países que hicieron lo propio con muchos menos recursos. No busquen más excusas

Y por eso, a quien corresponda, es tan larga la lista de idioteces y nuestro gusto enfermizo por lo malo tan vigoroso que ¿será posible que alguna vez empecemos -no creo que el tiempo alcance para terminar- a enderezar el barco, sacar a patadas a los ladrones de toda la vida, hacer de esta vergüenza un país?

Si necesitan candidatos yo tengo varios. Debo nombrarlos. Espero no causar molestias: Leonardo Plaza, Jorge Ezenarro, Francisco Álvarez, Jorge Gid. Ojalá se atrevan algún día y se lancen al ruedo. Sé que muchos tenemos candidatos. Vendamos la idea a cada uno de ellos. Porque mientras más nos tardemos en darnos cuenta que la democracia que teníamos es el menos malo de los sistemas -por eso es perfectible- más fácil será que la herencia indeseable, de los que aceptan neveras y lavadoras de este desgobierno, se imponga sobre la razón y la cordura y terminemos casándonos, no con la mediocridad -ojalá fuese así- sino con lo nuestro: lo peor.

Comentarios

  1. Cholo que desahogo. Ojalá tuvieramos más oídos y cabezas que reflexionaran en este mundo. Y más que actuaran para poner en acción otro tipo de "gusto" como dices tu. Es triste ver como se desmorona un país. Y más aun que no se vea que se este empezando a construir otro. Un abrazo

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